Efecto Sinatra, voz y estilo

Efecto Sinatra, voz y estilo

Su voz y su presencia bastaban para enloquecer a un millón de jóvenes mujeres y convertirse en la envidia de los hombres, aún de los más guapos. Así se escenificaba “el efecto Sinatra”. Nadie como él había creado una atmósfera romántica y sutil en un contexto de guerra y conflicto de intereses internacionales. Más que un cantante con voz particular, diversos críticos decían que su precisión en el fraseo, el control de su respiración y sobre todo, su expresión escénica y su ritmo eran los elementos claves para crear intimidad musical en cada uno de sus oyentes.

El jazz en Sinatra no sólo representaba el cortejo, la conquista, el estereotipo ideal del sueño americano, aquel individuo de nivel socioeconómico alto y el caballero que sólo se enamora de una mujer, aspecto que en su vida personal nunca cumplió. Era un seductor compulsivo, haciendo evidente que la fidelidad no era lo suyo, pero hay que reconocer que sí amó a una dama a la que nunca pudo olvidar; sino que también reflejaba su inclinación por el partido demócrata en la época de 1944, motivo por el que lo acusaron de simpatizar con el comunismo y convertirlo en el blanco de ataques continuos respecto a temas políticos y sistemas de gobierno.

Sus relaciones públicas eran vigiladas a toda costa y en un viaje a Cuba lo vincularon con un círculo de la mafia, encabezado por Lucky Luciano. Diversos periodistas hicieron la petición al FBI para investigar aquel incidente, pero nunca accedieron y Sinatra lo negó todo. Poco a poco, su carrera como cantante se estancaba. Entre amores excesivos e infidelidades con estrellas de escultural cuerpo, ya no impactaba como antes. Las compañías discográficas cancelaban sus contratos, la credibilidad en su talento ya no existía, y más tarde, la familia Kennedy lo mantuvo lejos por sus antecedentes en compañía de gangsters.

En alguna ocasión, Carlos Gardel, la máxima figura del tango argentino, se encontró con Sinatra en Nueva York. En una cena, aquél lo encuentra en una mesa, lo agarra del hombro y le dice: “Mira ragazzino, cuando yo tenía tu edad, andaba allá en Buenos Aires como vos andás ahora en Nueva York […] Pasando todo el día en compañía no muy recomendable […] No te voy a decir que ahora soy un santo, pero el cantar no sólo me dio fama y fortuna, también me apartó de ese ambiente donde solo me esperaba pudrirme en la cárcel o morir violentamente […] Por lo tanto, aprovecha […] y anótate en concursos de cantantes […] Hacelo ragazzino que con probar nada se pierde” (léase la anécdota completa).

No obstante, sus experiencias personales lo trasformaron en uno de los mejores actores en Hollywood. Su regreso había sido el atractivo perfecto para directores de la talla Vicente Minnelli o Frank Capra. Y Capital Records no dudó en ofrecerle una oportunidad musical, llevándolo a la cumbre del estilo melódico americano del siglo XX. Su voz ya no era exclusiva al público adolescente, sino a la madurez y a la diversificación de géneros como el swing y la melancolía.

Taciturno, la noche era perfecta para ensayar con un público muy bien seleccionado, ya que eran sus amigos más cercanos quienes se volvían jueces implacables cuando criticaban desde la manera como se paraba en el escenario hasta las coqueterías ensayadas para involucrar a sus admiradoras en el espectáculo que haría en alguna velada exclusiva o en algún concierto. El primero de ellos fue en Las Vegas en 1951 y desde ese instante no existió un recinto vacío cuando se leía “Frank Sinatra” en las marquesinas más importantes de todo el mundo.

En años posteriores, ni Elvis Presley pudo opacar su imagen, a pesar de haberse convertido en el nuevo ídolo del público femenino. Con cincuenta años encima y manifestándose en contra de la guerra de Vietnam, optó por divertirse y disfrutar. Ya no quedaba nada más. Protagonista en películas de suspenso, un día era detective, al siguiente, era cantante, y al mes era divorciado.

“El viejo de ojos azules”, sin duda, se convirtió en una leyenda durante y después de su muerte. Líder del afamado “Rat Pack” conquistó a Estados Unidos, a Europa y algunas partes de Latinoamérica. Resulta imposible concebir el mundo del jazz sin escuchar, a medianoche, melodías como “Fly me to the moon”, “Something Stupid” o “New York, New York”. Con un sombrero negro, un puro en la mano derecha y sobre su mesa, una copa de la bebida más cara, Sinatra seguirá diciendo: “sólo se vive una vez, y de la manera en que vivo, con una basta”.

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