Efecto Molotov, el socavón de la denuncia y la libertad de expresión

Efecto Molotov, el socavón de la denuncia y la libertad de expresión

El pasado viernes primero de septiembre Molotov revivió el grito de guerra levantando a masas en el Palacio de los Deportes. Hace 20 años, cuando las bandas de rock se encontraban en un silencio rotundo y los conciertos eran escasos, Molotov rompe el hielo con ¿Dónde jugarán las niñas?

Sin restricción alguna las letras de este álbum fueron una denuncia hacia la opresión del gobierno priista de ese entonces. Hartos de la burocracia y de la corrupción, le dieron voz a todo un pueblo que, si bien comenzaba a quitarse la venda de los ojos, nadie se atrevía a decirlo.

Letreros que decían: “Sr. Presidente: el Estado es para servir y no para despojar y matar al hombre” se encontraban en manos de hombres y mujeres marginados y víctimas de la violencia de aquel “México lindo y querido”. Bajo la bandera del progreso, estaba la represión, la censura y los inevitables asesinatos de quienes defendían la libertad de expresión.

Desde diferentes trincheras, la sociedad empezaba a criticar y a opinar. El rock, siendo un género rebelde y contestatario, siempre fue el enemigo catalogado como la oposición a las “costumbres correctas y las buenas tradiciones”. Alex Lora, vocalista y líder de la banda El Tri, en el documental Gimme the power de Olallo Rubio dice al respecto: “El verdadero rock and roll dice cosas que son la neta y hay personas a las que no les gusta que les digan sus verdades”.

En el gobierno de Díaz Ordaz se demostró que al gobierno no le gustaba la concentración masiva de jóvenes. Echeverría, hijo del dedazo, tampoco cumplió el derecho a la libertad de expresión. Tiempos de doble mora, de doble discurso y de malas interpretaciones respecto a mensajes de “amor y paz” y “tenemos el poder”, fueron los antecedentes para que después del Festival de Avándaro, de la censura definitiva del rock en México, de la época de oscurantismo y de los hoyos funky, apareciera Molotov y crearan la canción “Gimme da power“, convirtiéndola hasta el día de hoy en el himno de protesta de los mexicanos.

La letra denuncia al poder desmesurado de la clase política mexicana, alimentándose siempre del pueblo. La corrupción se vuelve transparente estrofa con estrofa. Definitivamente, si México buscaba la libertad de expresión, Molotov se la dio:

“[…]

Gente que vive en la pobreza,

nadie hace nada porque a nadie le interesa.

La gente de arriba te detesta

hay más gente que quiere que caigan sus cabezas.

Si le das más poder al poder,

más duro te van a venir a coger

porque fuimos potencia mundial

somos pobres, nos manejan mal

[…]”

La presidencia de Gortari pretendía transformar a México en un país de primer mundo, entre otras cuestiones donde sobresalía un nuevo concepto, la autocensura. Sin embargo, todos estos estragos nacionales y repercusiones internacionales fueron el mejor pretexto para que Molotov desapareciera por completo la censura en todo su álbum. Las groserías se entremezclaban con un “spanglish” para reflejar una realidad de la que no se encontraba salida.

Sus canciones, en especial “Voto latino” han sido un estandarte para los (as) mexicanos (as) que viven dentro y fuera del país. De igual forma, liberaban al pueblo de tabúes religiosos y morales encasillados como “correctos e incorrectos”. Basta mirar la portada del disco: las piernas abiertas de una niña con uniforme escolar de secundaria y pantaletas abajo. ¡Escándalo total! Las mamás no veían con buenos ojos que sus hijos escucharan este tipo de música. Los discos no eran aceptados por tiendas de música y si lo eran, entonces los colocaban en los estantes traseros.

No obstante, el impacto del recibimiento del disco fue emblemático. Molotov se escuchó en todo el país y abrió la puerta a una nueva era del rock en México. Lo curioso sería preguntarse, ¿qué tanto ha cambiado actualmente la situación sociopolítica en comparación a la que Molotov reaccionó?, ¿sería la misma letra aplicada al gobierno de Peña Nieto, de los nuevos candidatos presidenciales?, ¿y Trump, y Venezuela, y los migrantes, también alzarán la voz a través de aquellas guitarras y baterías?

Aunque las groserías se han vuelto parte de nuestro vocabulario, aún vivimos en la misma realidad de hace 20 años. La corrupción sigue siendo parte de nuestra vida diaria, incluso podría decirse que es el nuevo gobierno; la discriminación continúa dejando muertos y desprotegidos, y el poder se alimenta cada vez más en “los de abajo”. La prueba más fehaciente fue la reacción de los fans al vibrar, cantar y gritar con euforia las canciones de Molotov que todavía son estandarte de la situación social tan deplorable del gobierno mexicano.

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